Mittwoch, 18. Juli 2012

Mi suegro el inconforme


Cada vez que llega algún cumpleaños de alguien de la familia, reniego por dos cosas. El tener que soportar esas fiestas con enormes cantidades de gente y soportar la histeria de mi mujer, un mes antes, por no saber que regalar al homenajeado.
Cuando recién teníamos poco tiempo de casados, las fiestas familiares no pasaban de pequeñas reuniones de encuentros y de entrega de regalos.
Lo que con el tiempo tuvo que disminuir, misteriosamente aumentó vertiginosamente.
Cada año se fueron sumando familiares allegados de ramas de familias, que ya casi parecían fiestas populares.
En la familia hay dos personajes sumamente especiales con esto de  los regalos y con todo en general.
Uno es la tía Conchi que con los años se pone más quisquillosa y mi suegro que al ser el “patriarca” de la familia, todos hacen méritos para que el regalo sea el bendecido.
A mí, me la pelan los dos, porque son familiares de mi mujer, pero la que me hace la vida imposible es ella.
Así que ya ven a todos tomando notas todo el año para ver que necesitan los dos.
Yo ya había hablado hace pocos días y me contaba que estaba con unos rosales que tanto él como la abuela estaban cuidando y que maleza y los plantíos… vamos, que estaba pidiéndome algo especial: unas tijeras de podar.
Me puse a buscar unas tijeras que le sirvieran a él, a la abuela y a toda la familia.
Mi mujer estaba cada día que se acercaba el cumpleaños más insoportable que nunca. Sumado a que no me veía mover un solo dedo. Pero, yo ya sabía que regalar y la quería hacer sufrir.
Ella quería regalarle un vino. ¿Un vino, mujer? Vivimos en La Rioja, tiene mil vinos de denominación de origen.  ¿Un libro? Pero si él es más de campo.
Hasta que le conté cual era mi regalo secreto. Emocionada me preguntó qué cuál era.
Le dije “prepárate que todo el año seremos los bendecidos por el regalo”.
Y le dije, son unas tijeras de podar. Me miró con una cara de asco y me preguntó resignada, si esa era mi gran sorpresa. Siéntate, que te vas a caer. No son cualquier tijeras, son unas tijeras eléctricas que hasta tu abuela no se va a cansar de cortar los rosales, la maleza y todo lo de la casa (la dirección está aquí).
Quedó flipada. Las compramos a buen precio y nos aparecimos en el cumpleaños de mi suegro con una confianza de ser los bendecidos por sus favores todo el año. Llego la hora de los regalos y ahí estábamos triunfantes.
Nada como estar bendecidos por un año por el patriarca.